Beneficios de la Lactancia Materna

Numerosas investigaciones muestran que una larga lista de enfermedades tiene una menor incidencia en los individuos con lactancia prolongada, pero también en las madres que han amamantado

La información de que la leche materna representa un claro beneficio para la salud del niño es ya un patrimonio común de la actual cultura pediátrica y popular. Sobre la base de los resultados de los estudios científicos realizados, especialmente en los últimos 40 años, se puede enumerar con confianza y orgullo la larga lista de enfermedades en niños y adultos que son menos frecuentes cuando el bebé es amamantado.

Esta protección, de hecho, va más allá del estrecho período de la lactancia (meses o años), mostrando efectos duraderos: en otras palabras, la lactancia trae consigo una ventaja para la salud no sólo en lo que respecta a las enfermedades infecciosas (respiratorias y gastrointestinales sobre todo), sino también a condiciones como las alergias, la obesidad y el desarrollo armonioso del sistema neurointelectual e inmunológico.

Una elección de «contracorriente»

Por lo tanto, es muy comprensible que se espere que la elección de la mujer, ante esta panacea, sea amamantar a petición del niño, explotar los mecanismos hormonales que regulan la producción de la leche materna, aumentar el éxito de la lactancia materna y responder a las necesidades relacionales y psicológicas del niño. Esta expectativa sobre la elección de la madre no es sólo colectiva (de la sociedad), sino también individual por parte de las mujeres que están cada vez mejor informadas, en el contexto de su proyecto íntimo de maternidad.

Pero amamantar significa, además del instinto y el afecto, reconocer y aceptar las necesidades y ritmos del niño, confiar en su competencia, comprender las señales que envía, estar disponible para el otro; en resumen: aceptar que este nuevo otro puede no ser tan autónomo a una edad temprana, como uno desearía impropiamente.

Sin embargo, esta expectativa entra en contraste crítico con la cultura dominante actual, que, más allá de la iconografía circulante sobre la maternidad y la lactancia, proyecta modelos en los que prevalecen y se aprecian la independencia, la organización, la eficiencia, es decir, una serie de características, en general más que positivas, pero en las que la madre y el niño pueden tener dificultades para identificarse, en los primeros meses después del nacimiento.

La mujer en este contexto conflictivo está comprensiblemente tomada por las incertidumbres, las dudas y puede mostrar poca confianza en su capacidad de afirmarse desde el punto de vista reproductivo como cuidadora de su descendencia.

La lactancia materna, entre prejuicios y estereotipos

Además, en la sociedad siguen estando presentes o se arrastran viejos estereotipos populares que atribuyen a la lactancia una carga física e intelectual, el temor a la fatiga hasta el deterioro de las condiciones generales de salud, el agravamiento de enfermedades preexistentes, las variaciones indeseables (aumento o disminución) del peso corporal, el debilitamiento del esqueleto, los dientes, el cabello, los sacrificios y las limitaciones personales.

Por todas estas razones culturales, sociales y médicas, la lactancia materna puede no resultar atractiva para la nueva madre y no basta en este momento con recordar que la lactancia materna es más barata, natural, política y ecológicamente correcta. En este complejo contexto en el que la mujer decide o no comenzar a amamantar y/o continuar haciéndolo, a pesar de las posibles dificultades, vale la pena aclarar los riesgos concretos y los beneficios comprobados que la mujer obtiene de la lactancia materna.

Los muchos pros y los pocos contras de la lactancia materna

El riesgo para la salud asociado a la lactancia materna de una mujer italiana bien alimentada es, desde el punto de vista epidemiológico, verdaderamente insignificante en comparación con el de las enfermeras y nodrizas de edades pasadas o las mujeres de los países en desarrollo. Para la mujer europea moderna la lactancia implica el único riesgo real de tener que enfrentarse a algunas experiencias desagradables como dolor y/o ragadas de pezones, congestión, mastitis.

Se trata de un riesgo real, pero que puede reducirse en gran medida si la gestión de la lactancia materna es fisiológica, es decir, si es a petición del bebé, sin adiciones innecesarias de leche artificial y, sobre todo, si el bebé se agarra correctamente al pecho. Ante estos problemas evitables, la mujer que amamanta tiene una ventaja sanitaria precisa según una relación dosis-efecto.

En otras palabras, cuanto más tiempo amamante, incluso durante embarazos posteriores, y cuanto más exclusiva sea esta lactancia (menos adición de leche, manzanilla, agua y azúcar), más se reduce el riesgo de desarrollar tanto cáncer de ovario como, sobre todo, cáncer de mama.

Esta reducción del riesgo es de aproximadamente un 4,5% por cada 12 meses de lactancia, además de una disminución del 7% por cada nacimiento y nos lleva a calcular fácilmente que una mujer con dos hijos amamantados durante un total de 36 meses (por ejemplo, 15 meses el primero y 21 meses el segundo) se lleva a casa una reducción de aproximadamente el 27% del riesgo de cáncer de mama.

Así pues, empezamos a comprender cómo la tan discutida lactancia materna a largo plazo no debe considerarse simplemente una elección esotérica e irrelevante, sino una inversión rentable en la salud materna e infantil mundial.

Además del efecto sobre los cánceres de la esfera reproductiva, la lactancia también fortalece el esqueleto de la mujer ya que activa el metabolismo óseo del calcio, que defenderá mejor a la mujer de la osteoporosis en la vejez. Tampoco los temores de que la lactancia materna cause depresión en las mujeres después del parto resisten un análisis científico serio.

Para algunas mujeres, la lactancia puede implicar algunos problemas físicos en el seno o una inadaptación al nuevo papel materno, pero al mismo tiempo también puede dar lugar a un fortalecimiento documentado de éste y de la autoestima, en una dirección contraria a la depresión.

Por último, hay que recordar que la lactancia materna es compatible con un estilo de vida moderno, que incluye la actividad física y el deporte (que aumenta la producción de leche sin empobrecer su composición), las salidas sociales (la leche siempre está lista y a la temperatura adecuada), la actividad sexual sin riesgo de un nuevo embarazo no deseado (es compatible con la toma de la píldora), y la toma de medicamentos como los antibióticos o los analgésicos para tratarse (ya que muy raramente están contraindicados).