De vuelta al trabajo: ¿cómo manejar la lactancia materna?

Conciliar el trabajo y la lactancia no siempre es fácil, pero algunos trámites y una buena planificación para el regreso al trabajo permitirán a la madre encontrar la tranquilidad adecuada.

La Organización Mundial de la Salud y las principales asociaciones científicas internacionales recomiendan la lactancia materna exclusiva hasta que el niño tenga 6 meses.

En Europa, estas recomendaciones se siguen ignorando considerablemente: los últimos datos del ISTAT nos dicen que las mujeres que amamantan exclusivamente a sus bebés son muy pocas. Si analizamos los datos, podemos ver que el porcentaje disminuye aún más entre el tercer y el sexto mes de vida del bebé, llegando a sólo el 6%, mientras que en el mismo período aumenta el porcentaje de madres que usan suplementos con fórmula artificial. Entre las muchas razones de esta drástica caída está la vuelta al trabajo.

Decisiones difíciles

La reanudación del trabajo de una madre que está amamantando es, por lo general, la primera separación real que se experimenta después del nacimiento del niño y, lamentablemente, representa una de las principales causas de la interrupción temprana de la lactancia.

Las experiencias comunicadas por las mujeres son todas diferentes entre sí: van desde las que ni siquiera han empezado a amamantar, porque saben que tendrán que volver a trabajar muy pronto, hasta las que ni siquiera saben si podrán mantener sus empleos.

Desde este punto de vista, la vuelta al trabajo puede convertirse en un verdadero dilema para la madre, más que en una elección serena; ser capaz de conciliar las numerosas necesidades y encontrar un equilibrio armonioso parecen ser objetivos sólo para personas «privilegiadas».

Dudas y temores

En esta fase, a menudo es el cuidado general del bebé lo que causa preocupación: ¿con quién dejarlo? ¿Con los abuelos, con la niñera o en la guardería? ¿Cómo se dormirá? ¿Sufrirá la separación? ¿Estará bien? Sin embargo, la continuación de la lactancia materna es uno de los problemas más urgentes. El principal temor es, en general, el de perder la leche.

De hecho, si el bebé mama menos por la ausencia de la madre, la producción de leche disminuye. Pero con algunos trucos, que veremos en un momento, es posible evitar este riesgo. A veces también existe el miedo al cansancio: ¿no será demasiado agotador seguir amamantando mientras estás fuera de casa otra vez?

Son principalmente los parientes y amigos los que se preguntan sobre esto: para la madre, en realidad, la lactancia materna es también una forma de reunirse con el bebé después de un período de separación, y por lo tanto, puede representar una ayuda para encontrarse a sí misma de nuevo después de la separación.

Planeando el regreso

La ley europea protege la lactancia materna dando a las madres horas de descanso todos los días durante el primer año de vida de su hijo. Sin embargo, esta medida suele ser insuficiente, sobre todo si el bebé es aún muy pequeño.

Por lo tanto, es esencial planificar y organizar el viaje de regreso con antelación, para que cada familia pueda encontrar las estrategias más adecuadas y eficaces; las necesidades y circunstancias de cada familia son muy diferentes, y hay que tener en cuenta la edad del niño, la distancia del lugar de trabajo, las horas de ausencia…

Hay situaciones en las que la organización de la recuperación es bastante simple. Algunas mujeres, por ejemplo, pueden optar por el teletrabajo, y en este caso basta con la presencia de una persona que cuide del bebé, llevándolo a la madre cuando ésta le pida que lo alimente.

Si se elige el tiempo parcial y se limitan las horas de ausencia del bebé, la estrategia más eficaz podría ser amamantar inmediatamente antes de salir de casa y tan pronto como se regrese, opción que también es válida si el bebé es mayor. En este caso, durante las horas en las que la madre está fuera, se puede ofrecer un tentempié con comida que no sea leche.

Si el lugar de trabajo no está lejos, durante los descansos la madre puede ir a casa a amamantar, o puede pedir a la persona que cuida al bebé que se lo traiga para alimentarlo. Una posible solución es también inscribir al bebé en una guardería cercana al lugar de trabajo, a la que se puede llegar en los descansos.

Extraer la leche

En el caso de que ninguna de estas soluciones sea viable, siempre es posible seguir amamantando, pero será necesario un poco más de organización, ya que habrá que hacer una reserva de leche para dejar al bebé durante las horas de ausencia.

Es una buena idea comenzar a extraer y almacenar leche unos 15 ó 20 días antes de volver al trabajo, para que puedas acostumbrarte al instrumento (si eliges un extractor de leche) o a la técnica (si optas por la extracción manual).

Además, es aconsejable pasar algún tiempo con el bebé y con la persona que lo va a cuidar: de esta manera, la madre podrá calmarse y el cuidador podrá familiarizarse con los instrumentos para dar la leche, como un vaso o una taza (con los bebés de pocos meses es mejor evitar el biberón, porque puede interferir con la lactancia materna).

Si el trabajo implica una ausencia prolongada, para mantener una producción regular de leche y evitar los molestos «atascos», es necesario tener la posibilidad de extraer la leche incluso cuando se está fuera de la casa, equipándose con una bolsa térmica para su conservación y transporte.

¿Qué puede hacer el empleador?

El empleador no tendrá ningún costo adicional para apoyar a una mujer que decida seguir amamantando. Por el contrario, hay importantes ventajas a considerar, en primer lugar la serenidad del empleado, que podrá trabajar sin preocupaciones. Además, un niño que ha sido amamantado durante mucho tiempo estará menos enfermo y, por consiguiente, la madre necesitará menos tiempo fuera del trabajo para cuidarlo.

Pero, ¿qué puede hacer un empleador para ayudar a las mujeres? Si no es posible crear verdaderas guarderías internas, como ocurre en algunos lugares de trabajo, se podría empezar garantizando la presencia de un lugar cómodo para extraer la leche y un refrigerador para almacenarla, asegurando los descansos necesarios para las madres y asegurando que puedan llevar al bebé al trabajo para alimentarlo.

Gestos simples, casi triviales, pero de gran valor para cada mujer que amamanta y para la sociedad en general.